Es mucho más difícil dar dinero con sensatez que ganarlo. Dar sin pensar puede hacer más daño que bien, mientras que dar con criterio puede multiplicar sus efectos mucho más allá de la suma entregada.
Llegué a la conclusión de que la mejor filantropía no consiste en aliviar un mal concreto, sino en atacar sus causas: buscar la raíz, y trabajarla con la misma constancia con la que se construye un negocio.